La creatividad partió de traducir la energía visual de New York en una identidad amable y directa: sello circular, estrella protagonista y códigos gráficos fáciles de recordar.
La base estratégica fue ordenar la comunicación con una identidad simple, escalable y visible, capaz de sostener recordación, consistencia y aplicación real en retail.
La implementación llevó la identidad a piezas concretas de experiencia: lightbox, menú, vasos, mandiles, papelería y empaque, asegurando coherencia visual desde la calle hasta la mesa.